Lo que no se cuenta del Grand Tour

El Erasmus Settecentesco

Al final del siglo XVII, y sobre todo a lo largo del XVIII, en Inglaterra se desarrolló un nuevo concepto de cultura, educación y viaje, ligado a la figura de los gentlemen, quienes cada vez tendrán más peso en la política y economía del país. La creciente burguesía inglesa veía en el continente europeo las bases culturales y sociales que todo ilustrado e intelectual debía conocer. De esta forma, aquellos privilegiados que se lo podían permitir, iniciaron una serie de viajes por Europa que se llegaron a conocer como el Grand Tour, fundamentales para la evolución del turismo de masas que hoy en día conocemos y el desarrollo artístico.

Para los ingleses de esa época, el “viejo” territorio continental lo concebían como un museo donde aprender las bases culturales de occidente, de las que se debían instruir para seguir liderando el progreso y el camino hacia el futuro. Los destinos por excelencia eran Francia e Italia, entendidos como las dos grandes capitales de la sociedad europea, en contraposición a otros países como España, que se veía como un lugar sucio, maloliente y descuidado. Lo solían realizar los jóvenes veinteañeros de las clases pudientes, a los que más adelante se añadirían las mujeres, aunque en otras condiciones y finalidades que explicaremos en otra entrada. Iban acompañados por un tutor que guiaba el buen aprovechamiento formativo de esta incursión en el continente, y pronto aparecieron las primeras guías para desarrollar con éxito el viaje, a través de las que se puede observar que la experiencia iba mucho más allá del plano educativo.

“Un hombre que nunca haya estado en Italia será siempre consciente de la propia inferioridad, por no haber visto aquello que un hombre debe ver”

-Samuel Johnson

El gran tour se planteó en su origen como un complemento académico para los jóvenes de las clases altas inglesas, basado en la experiencia sensorial y empírica, justificado sobre el pensamiento del famoso John Locke de que: “las ideas llegan al hombre a través de los estímulos físicos a los que se expone”, frente a la clásica docencia teórica que no iba más allá de los libros y explicaciones. Sin embargo, rápidamente se convirtió en una experiencia vital, aspecto que se subrayó sobre todo con la llegada del sentimiento romántico en el siglo XIX. De su razón puramente pedagógica, pasó a convertirse en el último viaje “sin responsabilidades” que estos jóvenes adinerados podrían llevar a cabo, ofreciéndoles una total libertad de ser ellos mismos y realizar sus más ocultos deseos. Todo esto reforzado por los placeres, el distinto concepto de moralidad y el mayor anonimato que el continente les podía ofrecer, y que en las Islas Británicas nunca iban a llegar a alcanzar.

Su paso por la Europa continental suponía un antes y un después en su vida, por lo que tenían que aprovecharlo tanto en el plano académico como en el personal. Era un momento en el que se aceleraba el proceso de maduración, debido a que se tenían que enfrentar a retos, sociedades y culturas diferentes a la suya sin el apoyo de sus más allegados. Pero también de fiestas, divertimentos prohibidos y exploración sexual, siendo el único momento en el que tenían “permitido” mantener relaciones homosexuales, consumir alcohol y otras sustancias en exceso, y tener comportamientos poco aceptables según la doctrina anglicana. Cuando volviesen a su país se casarían en un breve periodo de tiempo y adoptarían un mayor grado de responsabilidad en los negocios de sus progenitores, por lo que, en principio, tendrían prohibida cualquiera de estas prácticas.

Portrait of Thomas Dundas

Esta segunda cara del Grand Tour no suele ser muy comentada, del mismo modo que las fuentes para estudiarla son más limitadas, restringiéndose a menciones superfluas en las guías de planificación del viaje, y a diarios y correspondencias personales. En el plano de las fuentes visuales nada se relaciona con estos divertimentos, habiendo creado un lenguaje de retratos en los que predominaban los símbolos de la cultura clásica y el sentimiento ilustrado, ya que era la memoria que se debía presentar ante la sociedad y aquella lícita de ser recordada.

De esta manera, con el Gran Tour no solo aparecieron los primeros turistas, sino que también se inició un discurso entre el poder del dinero, la libertad personal y el valor del sexo y otros divertimentos como el alcohol y las fiestas desmesuradas, que muchas veces, por tratarse de un tema tabú en nuestras sociedades, no sale a la luz. Sin embargo, podemos intuir que su práctica aún estaría muy presente en la actualidad de una manera bastante similar, siendo sus herederos más directos el Erasmus y los viajes de fin de curso, especialmente el de 1º/2º de Bachiller.

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